domingo, 14 de octubre de 2007

El síndrome de la segunda residencia

EL SÍNDROME DE LA SEGUNDA RESIDENCIA


He pasado el puente (del Pilar) con Roci, Rosa y María en La Alberca, un pueblo precioso de Salamanca. Creo que no soy de esos madrileños (dícese del que vive en Madrid) que huyen despavoridos cuando llega el viernes en busca de un lugar donde se pueda vivir: yo en Madrid vivo la mar de a gusto. Ni me sobra ni me falta ruido ni silencio. Nunca me provocó estrés esta ciudad, nunca. Pero lo cierto es que encuentro siempre una excusa para pasar a menudo el final de la semana fuera… ¿Será que soy lo que no creo?

Este sábado, mientras cruzábamos el paisaje grandioso de Las Batuecas y escuchaba hablar de pueblos de diez habitantes, empecé a experimentar esa sensación que antes sufría el ser humano urbanita en la cuarentena, y ahora se experimenta cada vez más en la treintena: el síndrome de la segunda residencia. Un escondite a donde huir “bien acompañado” cuando eso sea posible, con un par de buenos amigos con los que aprender hablando o simplemente en soledad, a ver pasar la tarde y la mañana sin otra obligación que comer, dormir y ………… (rellénese con lo que proceda en cada caso).

Nos hemos vuelto locos, lo sé. Tengo la suerte de vivir en un piso en propiedad, pero claro, a medias con el banco y mis padres… ¿y ya estamos pensando en otro? Además, quizá tendría que hacerme con un coche, porque no creo que encontrase algo MUY barato en un pueblo bien comunicado. Más bien sería en un lugar perdido, que por otra parte, es lo que apetece de verdad…

Sé que no es algo que necesite ya, pero no voy a negar que el gusanillo del síndrome ha empezado a corroerme. Pero mejor lo pienso dentro de unos años… ¿no?

12 comentarios:

Anónimo dijo...

dentro de unos años...esas metas temporales indefinidas como cuando decíamos tener hijos a los treinta y pocos...bks.

lifeonmars dijo...

Jejejejeje, no me digas que te han entrado ganas de buscar algo en el campo o en alguna zona rural.
A mí también me ronda la cabeza en algunos momentos.
Pero yo me pregunto, ¡¿que haces tú en un pueblo de Salamanca o de Guadalajara, chiquillo?!
Digo yo que mejor será buscar algo más al sur, ¿no?
No sé, yo es lo que me digo. Me gustaría tener algo más hacia el sur, allá por donde tú sabes, por lo de la luz, la gente, etc, etc... Pero claro, ya no sería un lugar adonde poder ir los fines de semana, por la distancia y tal. Y entonces ya no merece la pena.
En fín, un lío.
Con lo cual creo que lo mejor será seguir disfrutando de Madrid mientras aún nos encante estar aquí. Reconozco que también es mi caso (cada día que pasa me encuentro más agusto en esta gran ciudad)...

berenice dijo...

Y qué tiene de malo un pueblo de Salamanca? yo soy de allí, y tengo la desgracia (yo no diría suerte) de trabajar en Barcelona, así que en cuanto tengo unos días es donde sueño perderme... no sé que tiene de envidiar la gente de la sierra de Salamanca de la gente del sur, pero sino lo sabes, te invito a que te pierdas unos días por allí...

lifeonmars dijo...

Jajajajaja, berenice, no lo decía por nada en particular, ni con ánimo de polemizar.
¡A mí me encanta Salamanca, y sus pueblos!
Lo que pasa es que La Semana Fantástica y yo somos del sur, y simplemente le estaba haciendo un guiño con lo de comprarnos una casa por nuestra tierra, por lo que tira la tierra y todo eso. Pero obviamente pilla muy lejos de Madrid, y una casa en Salamanaca es mucho más conveniente, ¡claro que sí!
No quería ofender.
Sorry!! ;-))
Y besos

La Semana Fantástica dijo...

Sigamos con las metas, siempre que nos lleven a algún sitio, ¿no, anónima?

Pues sí, lifeonmars, el Sur me gusta mucho, mucho, pero es eso, que pilla más lejos, y se complican esas escapadas findesemaneras...

berenice, no te enfades! cuál es tu pueblo? me lo recomiendas por si me da por ahí algún día?

Anónimo dijo...

Segunda residencia sí, pero por favor que no sea en la costa. Que no sea inversora, que sea rural y modesta. Llena de vida llana y tranquila, que sea el opio del urbanita estresado (que yo sí lo estoy), que sea el contrapunto a la vida vivida a toda prisa. Residencia para saborear segundo a segundo esos momentos auténticos.

Xabi dijo...

Yo vivo por el centro y como mucho me atrevo a cruzar el puente de Juan Bravo para comer los sábados con mis padres, ¡y a las 2 horas ya me entran ganas de volver! Quita, quita... ;-)

La Semana Fantástica dijo...

Anónimo, no sé yo qué decirte respecto a la costa... una casita cerca de Faro no está mal, y Ryanair está bien barato... jajaja. Soñar es casi gratis.

Xabi, mi urbanita 100%!!! Así me gusta. Yo me muevo en la contradicción. Fangoria me ha hecho mucho daño.

Pi dijo...

Demasiados amigos urbanitas. Yo hoy he trabajado toooodo el día en medio del otoño en mi querida Avila profunda. Siempre me quedará Madrid, pero me quedo haciendo planes para dejarle a mis amigos ansiosos de campo y olor a lavanda mi delicioso nidito de amor (cuando esté construído, claro).

moronda dijo...

¡Yo quiero un nidito de amor!¡Yo quiero un nidito de amor!

Roci dijo...

Y no sería mejor tener una casita en el campo y otra en la playa???

La Semana Fantástica dijo...

Ay, menos mal que me llegan aromas de lavanda desde Ávila gracias a alguna lectora... Pi, alquila tu nidito desde aquí, que moronda quiere... Pero a mí déjamelo gratis, ¿eh?

Roci, sí, es mejor, ¿y por qué no un ático con terraza en Roma también?