"TONIGHT WE FLY"(The Divine Comedy)
Mucha tela es lo que os tendría que contar. Desde el viernes hasta hoy lunes he vivido mucha tela, intensos días éstos. Voy a dejar el de hoy, el primero de mi nueva vida, para contarlo mañana o pasado…
Y es que el viernes fue mi último día en
La Fábrica, donde he trabajado los últimos 8 años. Yo no soy de llorar, pero días antes de mi marcha había momentos en los que lo pensaba y se me formaba cierto nudito en la garganta… ¿Qué pasará cuando tenga a todo el mundo alrededor y me pidan “que diga unas palabras”? Pues no lloré. Después de una mañana de locos en la que veía que ni siquiera el último día de trabajo me daba tiempo de acabar mis tareas (de hecho no me dio: un cajón y dos estanterías me esperan para ser vaciados), dieron las 2:30 y en la cocina se juntaron todos mis compis… Bueno, todos menos mi jefe, que justo en ese momento recordó que tenía que comprar los billetes para sus vacaciones de mayo… Y claro, pringó a mi amiga
Rosa en ello… En fin, feos aparte, brindamos con vino y me regalaron unos altavoces flipantes para que la música de mi
iPod suene a todo meter por toda la casa. Lo malo es que el aparatito está lleno de cables raros que no sé si seré capaz de conectar en su sitio correcto… Luego me habían preparado un picoteo y cerveceo en una taberna cercana. Una despedida agradable, cariñosa y divertida. Y alcohólica. Me subí al tren a las 19.35 camino de
Córdoba en un estado ligeramente… ligero.
Fue llegar a Córdoba y montarme en un coche camino de Obejo.
Obejo es el pueblo donde nació el padre de mi amigo
Álvaro, mi amigo más viejo (no él, nuestra amistad), que aún recuerda la pota que eché cuando de pequeño me llevaron al citado pueblecito de
Sierra Morena. Quizá algún vecino recuerde también aquel coche que pasó por en medio de la plaza principal llenito de… Bueno, pues esta vez, a pesar de mi miedo a repetir (me aseguré de llevar una bolsa en la chaqueta), no hubo espectáculo.
Paseos largos por el campo: nada menos que 10 kilómetros el sábado, sin darme cuenta… Me gusta el paisaje de la sierra cordobesa. De pequeño prefería el de la tierra de mi madre,
Santander, esas cumbres azules y un verde de témpera en la yerba. El tiempo me ha ido haciendo disfrutar más con los perfiles suaves, las cumbres modestas y los horizontes abiertos. Hoy tengo la nariz ligeramente quemada y olor a carne de caza en los jerseys (que mañana sin falta debería lavar). Nos juntamos un buen grupo de amigos del colegio, cada uno con su historia, bien diferentes unas de otras. Elijo esta foto con
Emilio y Cameron en primer plano y ese paisaje que tanto me gusta de fondo. No sé si resume algo. Creo que sí. Cierta ternura, amigos y alegría en el ambiente. Y además me acaba de recordar a cuando el padre de Emilio, mi amigo Álvaro, y yo, éramos así de pequeños.

Por lo demás, lo cierto es que tanta despedida el viernes (no pude resistirme y me dediqué a besar y abrazar a cada uno de mis compañeros, allí formados en corro, vaya papelón… pero me encantó hacerlo), tanta cerveza y tanto campo y reencuentro amistoso me impidieron darme cuenta de que empezaba lo que yo llamo “mi nueva vida”. Eso ha comenzado esta mañana… Y es otra historia, que desde que ha empezado suena a
Tonight We Fly, la maravillosa canción de
The Divine Comedy.