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lunes, 2 de agosto de 2010

Nochevieja en agosto

Siguiendo en parte este descontrol de estaciones que me impusieron mis seis meses en el hemisferio sur, siento que hoy, la tarde del 1 de agosto, se parece a la Nochevieja, por lo que tiene de fin de año y puerta al nuevo. Que sí, que la noche del 31 de diciembre soy de los que se ponen nerviosos y recapitulan lo bueno y lo malo de los últimos 365 días, pero para mí los años se siguen contando como cursos escolares. Todo lo que planeamos en septiembre suena a coleccionable semanal de réplicas exactas y oficiales de cucharillas de la vajilla imperial de Sissi. Suena a nuevo y a posible, aunque luego nos quedemos a la mitad. Nadie se acuerda de ciertos finales, ni falta que hace.

No es desmemoria: no recuerdo un verano en el que necesitase tanto esa sensación de corte, de borrón y cuenta nueva. Friego los platos, paso la fregona por la cocina de baldosas blancas y negras, cierro los armarios en las tinieblas de la siesta y siento que se acabó el invierno y su miedo al regreso. Se acabó la primavera con esa despedida que me dolió más de lo previsto. Se acabó el calor de Madrid, al que sigo viéndole sus ventajas de noches explosivas y tardes muertas. Se acabó proyectar, porque eso se hace mejor en septiembre.

Me gustó despedirme del año en la terraza de La Casa Encendida escuchando cantar a Nacho Umbert. Ha elegido para su portada una foto de baldosas hidráulicas, que es una de esas cosas viejas que siempre me parecen nuevas, por lo que tienen de juego. Bienvenidos a agosto. Bienvenido será septiembre.

domingo, 30 de mayo de 2010

Resistencia. El que se detiene

Puestos a la lucha, que sea la belleza quien nos tumbe. Confúndannos con el tropiezo y lo pequeño. Puestos a escribir, hagámoslo sobre una tarde de martes, junio, no hace demasiado calor hoy. Será una terraza de doce metros cuadrados, para qué más. Tendremos a mano un vaso de cristal verde lleno de cerveza fría. La temperatura ha empañado el cristal y gotea. Alguien tendrá hambre y tendremos a mano algo de comer. La música llega desde una azotea cercana, donde vive un fanático incansable de Prefab Sprout. A ti también te gustan.

La revolución te encontrará sentado en una tumbona mirando al cielo, ¿estarás también tú entre los que no entiendan la batalla? La revolución te encontrará sentado en una tumbona pensando en lo mejor del futuro: su relatividad. Nunca confundiste tu curiosidad con la acción incansable, ya fueron muchas las veces en las que acabaste diciendo “¿Y qué hago yo aquí?”. Te convertiste en el guerrero que lucha tumbado, el más incomprendido. Te tocó explicar mil veces que el conformismo no tiene nada que ver con la derrota, que se rinde antes el que va y el que viene, el que cede al camino que aparece delante. Párate y mira: el futuro relativo.

Te tumbarás en la terraza y no sabrán que te escondiste. Pero eso no hará menor tu logro. Nunca fuiste de los que llegaban a casa y ponían la tele por escuchar un ruido de fondo. Nunca de los que frecuentaban los lugares que frecuenta la gente como tú. Resistencia del que se detiene. Bebes cerveza y eres capaz de sentir la espuma que desaparece y el frío cayendo por tu esófago. Conversas y eres capaz de recordar lo que escuchaste más allá del momento. Una vez lo contaste: preparar un cocido puede ser un acto de rebeldía mayor. “Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas”. Lo dijo Cummings. Se refería a alguien, pero hoy tú sabes que habla de ti. Detenido, sonríes.

(No es una terraza, pero funciona igual...)

domingo, 2 de agosto de 2009

Vuelta a casa

Poder pasar unos días de verano en la misma casa en la que fueron los veranos de tu infancia es un lujo. Un lujo por el privilegio que supone escapar de las cuatro paredes que te observan durante el invierno, para refugiarte en otras cuatro. Un lujo por la cantidad de historias que guarda cada puerta, cada arriate del jardín, cada coche roto que encuentras por los cajones. En estos días de verano que paso en Córdoba, las meriendas repiten los dulces de hace quince años, las noches se pasan jugando a lo mismo que entonces (al chinchón, al cinquillo) y las tardes todavía se disfrutan en la hamaca leyendo. La diferencia es que antes leía a Agatha Christie y ahora a Richard Yates. Pero tampoco es tan diferente el placer.

Hace un par de días, Dani elogió mi capacidad de síntesis, y lo cierto es que creo que sí, que me caracteriza. Mi madre me explicó hace años, posiblemente en esta misma casa en la que ahora estoy, que a los periodistas que escriben novelas se les nota la profesión por la claridad, la sencillez, la capacidad de síntesis. ¿Será que no fue casual que yo naciese el día del patrón de los plumillas, San Francisco de Sales? ¿Será que en verdad soy periodista? Lo digo porque he estado pensando las razones por las que no he vuelto a La Semana Fantástica, y sólo encuentro una: he sido demasiado feliz durante estos meses como para perder el tiempo hablando de mí. Ahora es verano, y la historia que me tuvo en ese estado durante unos meses acabó. Y aquí estoy de nuevo. Espero no desaparecer de nuevo. O sí.


domingo, 17 de mayo de 2009

De paseo

En verano cambian algunas cosas. Por ejemplo, que tardo en tomarme el té 20 minutos. Soy de esos pesados que, para desesperación de los otros, se quedan esperando a que la comida se enfríe. No es buena idea el tapeo en verano, conmigo.

Está bien la imagen de un hombre que pasea en verano y una nube le sigue, lloviendo. Como en los dibujos animados.

Algunos somos impacientes sentimentales. Toda la paciencia que tenemos en otros asuntos se nos desmorona cuando se trata de saber dónde estamos. ¿Qué harán los ingleses en estos casos, con esa confusión del “ser” y “estar”? Mi tristeza hoy es radicalmente española.

Tengo planes de verano, pero no tienen billete ni destino. Se acercan más a una alegría tranquila de acabar en cualquier sitio, aunque, eso sí, siempre con un viaje en la cuenta de gastos, más adelante, no hay prisa, no en eso.

No quería volver a lasemanafantastica así, pero esto es lo más parecido al paseo que voy a darme ahora mismo, aprovechando que hace sol, es domingo, y tengo planes de verano. Soy incapaz de pensar algo coherente parado. Por eso paseo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Tenemos prisa

Ayer me di cuenta de que tenemos prisa por todo. Por que pasen las cosas y por que se acaben. Por salir de dudas. Se nos ha olvidado que perdiendo el tiempo aprendimos muchas de las cosas importantes que hoy sabemos.

Perdonadme, hoy no quiero ser muy concreto. Son cosas del verano, que aún está aquí, pero marchándose. Esta mañana subí las bicicletas del garage al cuarto de los trastos. Más tarde me tocará guardar el balancín. Doblar la hamaca. Y ya, por último, soltar la tortuga en la piscina. Menos mal que este año la hemos aprovechado hasta el último día y no ha habido que ver cómo el agua azul se iba volviendo verdosa poco a poco.

Ahora la tortuga nada feliz por un lugar cien veces mayor que el cubo en el que pasó los últimos meses y yo le doy vueltas a la idea de que tenemos prisa por todo. Y no deberíamos.

En el AVE de vuelta a Madrid, una pantalla me informa constantemente de la velocidad que llevamos. 260 km/h. Y a mí qué.

La tortuga de mi casa, en su primer baño de septiembre.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Las fotos mienten

Las fotos mienten. Y son peligrosas. Uno mira de reojo a cierta persona que apenas recuerda (el tiempo, la mala memoria fisonómica, la fugacidad de una noche) y el interior se le da la vuelta. Inocente, abre uno un libro que leyó hace años y encuentra esa imagen. Ésa.

Yo quiero hablaros de mis últimos días de vacaciones, que pasé en Málaga con Música y Planetote, a los que muchos de aquí “conocéis”, aunque sea sólo por sus comentarios (…he de deciros que muy, muy pronto, tendrán sus propios blogs…). Pero resulta que no lo hago porque no encuentro ninguna foto que resuma ni de cerca cómo lo pasamos. Y no será porque no tiramos de digital… Será que los desnudos playeros no lo permiten. Que la noche en Torremolinos es inenarrable, ni en imágenes. Que una mañana nos levantamos artistas y grabamos una sesión de videoclips que ya quisieran los de MTV. Que el mejor escondite para huir de la feria es la playa más apartada, ésa en la que sólo huele a los últimos espetos del día y a biznagas.

No hay foto que valga.

¿Y qué me decís de esa fotografía que le piden a uno desde el otro lado del charco para presentarse? ¿Cómo se resume uno en una imagen? Tengo serios problemas para mantener la cara quieta cuando veo una cámara: miro para un lado, hago una mueca absurda, me muevo, pongo la mano delante…

Hoy no me ayudan las fotos. Todo son fotos inútiles hoy.

Sólo se me ocurre poner esto para resumir cinco días de mamarrachadas varias y mucho, mucho mar.


Y es que resulta que en Málaga hay playas de verdad, no sólo de paseo marítimo con tiendas de flotadores y lista de espera para tumbarse.

Bueno, ésta también.


Feliz septiembre, fantásticos. Todo empieza de nuevo.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Traca final

Podría hacer una cuenta atrás para lo que me queda de vacaciones…

…pero no lo voy a hacer.

Porque cuatro días en Málaga y sus alrededores con Música y Planetote dan para mucho. Y es donde estaré hasta el domingo.

Porque me he guardado una buena cantidad de tardes en la hamaca para irlas gastando poco a poco en septiembre, octubre, noviembre…

Porque voy a seguir andando descalzo hasta que se me congelen los deditos.

Porque últimamente siempre estoy de buen humor, coñe.

domingo, 10 de agosto de 2008

Lugares perfectos para leer a Proust

El verano, entre otros lujos, es para eso, también. Para leer un clásico. El teléfono suena menos, mañana no tengo que empezar pronto a funcionar porque a las 12 tenga reunión, no he quedado por la tarde para ver “esa” película que pronto quitarán, no hay que darse prisa porque cierren el supermercado. Es en la lentitud del verano cuando estamos preparados para abrir las puertas a un clasicote.

Este año le tocaba a En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Y me he dado cuenta de que paseo el libro por la casa, buscando...

...lugares perfectos para leer a Proust:

En la hamaca, con un pie que cuelga y la cabeza apoyada en el borde de la dura tela. Con un suave mecerse. Escucho de lejos las tontas conversaciones en casa de Madame Verdurin y me sonrío.

Sentado en el borde de la piscina, con los pies en remojo. Se detiene Proust dibujándonos un arbusto cargado de flores y noto el fresquito de una descripción bien hecha.

Tumbado en el sofá estampado de flores y pájaros, en el salón de arriba. El ronroneo del aire acondicionado me atonta. Hay párrafos que me adormecen. Otros me hipnotizan. Párrafos en los que no ocurre absolutamente nada, como en esta tarde.

En el balancín que han comprado este año mis padres. Si le doy fuerte me mareo un poco. Perfecto para las partes más aburridas.

Recién desayunado, en el jardín de Lara. Ahí empecé a leerlo, eso de Durante mucho tiempo, me acosté temprano. Aunque ese jardín se merece su propia entrada. Mejor me callo.

Sentado en la hierba, con el periquito puesto. Me gusta el girar frenético del agua, esa manera lenta y efectiva de regar que utiliza mi padre cuando hace falta un extra para algunas zonas del jardín. Chorros que suben dos metros, agua que rebosa, gotas que llegan a mojarme los pies de rato en rato. No entiendo nada de física, no sé por qué sólo me mojo de rato en rato. Por un momento no sé si lo que veo es lo que leo.

domingo, 3 de agosto de 2008

Ése

ÉSE

El que empezó algo tarde, pero cuando llegó, apretó fuerte.

El de mis diez días en O Grove.

En el que aprendí a hacer cebiche.

El de los paseos por el Retiro a última hora de la tarde, cuando entras de día y sales de noche. La sombra densa de los senderos, ayudada por los aspersores que saltan a esa hora, baja la temperatura unos cuantos y fantásticos grados.

El del Limon&Nada con un toque de Hierbabuena. Lo mejor que ha pasado en el mundo del refresco en los últimos años.

En el que volví a saber que, cuando una historia no va a funcionar, hay que ingeniárselas para no pasar de la primera página. Y no estoy hablando de libros…

En el que empecé a tener cierta seguridad de que podía ganarme la vida por mi cuenta, sin oficinas.

El de los descubrimientos de bares impensables, con Planetote. Ese Griffin´s. Ese The Paso…
En el que estuve bastante cibersuelto.

En el que me llamaron por teléfono para invitarme a dar unos cursos en Argentina y Chile el próximo octubre. Un inmenso regalo de Gachas.

El que me mostró mi patio de vecinos, paisaje diario, más vacío que nunca: apenas dos ventanas encendidas.

(Así tengo la nevera. Cuando me da por algo...)


Por algunas de estas cosas recordaré el verano del año 2008. Y las que vengan. Mañana me voy a Córdoba, mi refugio seguro desde que era pequeño. Luego a las playas de Málaga, a pasearme con Música y Planetote y tomar helado después de cenar.

Qué curiosa felicidad la del que no espera nada extraordinario.

martes, 22 de julio de 2008

Se nos quedan los horarios


Se nos quedan los horarios metidos en la sangre y la memoria. Estos días previos a las vacaciones los paso apurando trabajos (para poder hacer las maletas sin labores pendientes, que pesan más que las toallas), quedando con amigos que se despiden, rematando deberes que me impuse en primavera y perdiendo el tiempo. Todo junto. Una bomba.

Pero me llama la atención (la mía propia) la forma que toman a veces las nostalgias. Después de diez días fantásticos (ellos sí) en Galicia junto a mi querida cantaruxa y su restaurante, Xantar da Ría, no es sólo que eche de menos la brisa fría del mar, que sí, no sólo las historias de vecinos y panaderos, que también, no esa sorpresa diaria que mi prima gallega y su dulce cocinero ponían en mi plato, que por supuesto añoro cada mediodía y cada cena… La nostalgia que siento de Galicia tiene forma de horario. El de abrir el restaurante a las 12 y luego salir a hacer un recado. El del aperitivo y vuelta rápida. El de la siesta mientras hacen la caja y coge las gafas de sol que nos vamos a la playa a seguir durmiendo. El del comedor vacío a las 9 de la noche y la esperanza de verlo lleno. El de después, suelo fregado y cafetera bostezando.

Mis días en Madrid, los cotidianos, ocurren ahora en paralelo a otra historia. Sé que pronto se impondrán nuevos horarios. Pero también que estamos hechos de recuerdos así.

viernes, 11 de julio de 2008

Las bicicletas son para el verano

LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO

Hace ya dos veranos que me ocurre lo mismo: es el momento en que me monto en una bicicleta cuando me doy cuenta de que es verano. Ocurrió el año pasado en Suecia y ha vuelto a pasar, esta vez en unas playas con la misma tendencia al frío, pero mucho más cercanas. Las de mi querido O Grove, el pueblo gallego de la que aquí firma como Cantaruxa. Me gusta jugar con ella a que yo también conocí cuando estas rías eran un paraíso de playas desiertas y casas bajas de blanco y piedra (“es verdad, qué fuerte, cómo ha cambiado esto...”). Me gusta jugar a eso, y en playas escondidas como la playa de Esteiro es fácil. Allí, hace dos tardes, sólo estábamos la pareja que vive en una de las poquísimas casas que hay junto al mar y entre eucaliptos (y que tienen un San Bernardo precioso llamado Dalia), una señora preocupada porque su nieto no se comía el bocadillo (“se te va a juntar la merienda con la cena, y eso es muy malo”), Cantaruxa y yo mismo. Mientras la marea sube muy poco a poco se escucha chapotear algún pez que salta junto a la orilla. Hace calor. Las ramas de los eucaliptos chirrían al rozarse unas con otras. Por un momento siento que el aire se ha convertido en una gran masa de gelatina amarilla. Allí abajo, al fondo, estamos nosotros, como dos fresas dentro de una tarta transparente. La única obligación que tenemos es subir al sillín y volver a casa.

Las bicicletas son para el verano.

jueves, 19 de junio de 2008

La Semana Fantástica de La Semana Fantástica IV

TÚ ME DEJASTE CAER

Ay, que se me pasaba el día sin poner canción… La culpa la tiene el verano, que parece que ya está aquí, y claro, las terrazas, beber latas sentados en una plazoleta, y luego un helado, y luego un paseo, y luego lo que salga.

Creo que está bien empezar el verano con una canción hortera. Una buena salsa. Desde que la escuché hace unos días se me quedó en la cabeza. Estaba la semana demasiado indie para mi gusto… Con todos ustedes, Daddy Yankee.

¡A bailar!


miércoles, 30 de abril de 2008

De que acabe el invierno

"...DE QUE ACABE EL INVIERNO..."
(El bello verano, Family)

Conecto el iPod a los altavoces y le doy a "sesión aleatoria". Puede salir cualquier cosa, pero salta Family y canta lo de Tengo ganas de fiesta /de acabe el invierno /de volver a nadar en el mar…

Ganas de fiesta la verdad es que no tengo (de hecho estaba invitado ayer a la fiesta despedida de Fama…y no fui; sí, fantásticos míos, he estado enganchado a ese programa todas las siestas), pero de que acabe el frío y volver a nadar en el mar, muchas. Por eso me marcho mañana por la mañana camino de Almería. Un puente como el que tenemos en mayo en Madrid (el 2 es la fiesta de la comunidad, por lo del cuadro ése de Goya) es un simulacro de verano. A menudo es la primera vez que se saca el bañador, las cremas (¿llevo de 8?, ¿de 4?), los aftersunes y las chanclas.
Un clásico...

Sólo me queda destender la ropa que hoy puse, decidir qué libro me llevo (Nocilla dream está a medio acabar…habrá que meter otro), comprobar que la cámara tiene batería…y a la playa.

Por un momento he pensado ¿me llevo el portátil? ¿qué hago yo sin Semana Fantástica hasta el lunes por la tarde, cuando regreso? Menos mal que a uno le quedan dos dedos de inteligencia… Y es capaz de superar esa separación.

Cuídense, fantásticos míos. Nos vemos a la vuelta. Si es posible, hagan un simulacro de verano, y abrácense a lo más bonito que tengan cerca.

viernes, 4 de abril de 2008

De segundo, tarta de queso

"DE SEGUNDO, TARTA DE QUESO."
(En el Mesón Asturiano, calle Argumosa, Madrid)

O Teoría (Frustrada) de los Big Bangs.

Un camarero puede alegrarte un día. Bueno, y una noche, pero eso es otro tema que no viene a cuento ahora. Tampoco es que tuviera yo el día torcido hoy, para nada, pero esto me lo ha hecho pensar el que nos ha atendido hoy en Argumosa, un tío con gracia que no se cortaba un pelo en cabrearse (pero sin el más mínimo asomo de mal rollo) porque una furgoneta metía el morro entre sus mesas al aparcar, piropear a una de las dos mujeres que se sentaron a nuestro lado (es demasiado guapa para ser su hija, yo creo que son lesbianas), o recomendarnos una tarta de queso como segundo que resultó ser una tortilla francesa con queso... La alegría de una comida en un mediodía de sol y filete con patatas. Con Roci, cuatro espinitas tiene mi cama y su amigo que venía de la piscina con una toalla-secante que me ha dejado perplejo.

A eso se añade que sunion30 me ha recordado (sin querer) una canción de Miguel Poveda que, Pi lo sabe, me acompaña y habla de mí desde hace años. Ahora suena de fondo mientras tecleo esto con la espalda bien recta al más puro estilo Amanda Gris.

Yo quería hablaros de Big Bangs que se rodean de otros Big Bangs, pero resulta que hoy 4 de abril parece verano, y no he podido... Qué sol...